Este blog está dirigido a aquellos que han asumido el reto de esta gran aventura que llamamos "Matrimonio". Esperamos llegar no solo a los matrimonios sino también a los novios que han decidido unir sus vidas o ya lo están pensando; para que a través de nuestras palabras decidan amarse "para toda la vida".

viernes, 20 de agosto de 2010

El mejor y más grande Regalo

Siempre se ha dicho que los hijos son el producto del amor de una pareja y esto indiscutiblemente es así; pero además podemos afirmar que son el más grande regalo que un matrimonio pueda tener, son una bendición de Dios para los esposos que se aman. Y así como en algún momento dijimos que para la vida matrimonial no estudiamos cual si fuera un curso de capacitación, de igual forma no se estudia para ser buenos padres, ello se aprende en la medida que caminamos.

Desde su primer aliento de vida los hijos empiezan a ser un reto para los padres, sus necesidades materiales, el acompañamiento necesario durante sus primeros años, su educación, el consejo oportuno y adecuado en su adolescencia y juventud, etc. y finalmente serán el resultado de todo lo que les hayamos dado y enseñado. Pero de lo que más aprenden es del ejemplo que nosotros como padres les demos y finalmente serán en muchos casos una imagen de lo que nosotros somos. Por ello siempre hemos dicho que a buenos padres, buenos hijos; y si decimos que para que este mundo tenga que cambiar para bien, los matrimonios tendremos que cambiar y esto redundará sin duda alguna en nuestros hijos que cuando sean padres darán el mismo ejemplo a sus hijos y esto será una cadena sin fin, que algún día, y de ello estamos seguros, conseguirá que este mundo sea diferente. Indudablemente que existe la libertad de los hijos para decidir qué es lo que quieren ser y en ese proceso podrían equivocarse y todo lo enseñado podría parecernos que no sirvió de nada. Eso ya no depende de nosotros; pero que eso no signifique abandonarlos a su suerte sino que hagamos nuestro mejor esfuerzo para que aprendan a tomar las decisiones correctas.

Tenemos dos hijas, cada una con caracteres completamente diferentes, la mayor de un carácter fuerte, de mucha decisión, más independiente, capaz de resolver cualquier problema; la menor más apacible, menos independiente, más frágil que su hermana, muy dócil. Siempre hemos procurado sembrar en ellas muchos valores y el sentido de unión y amor familiar, aunque hemos de reconocer que muchas veces nos hemos equivocado y nos ha costado reconocerlo pero hemos tratado de no quedarnos estancados en el error o la equivocación; lo que ha generado una respuesta positiva en ellas y de lo que nos sentimos orgullosos.

Muchas veces nos hemos preguntado cómo es que nos gustaría que ellas nos recuerden; definitivamente no por lo poco o mucho que les dimos materialmente, tampoco por los pocos o muchos acuerdos o desacuerdos que nunca faltaron; solo deseamos que nos recuerden como sus papitos que las amaron con intensidad, muchas veces quizá en el silencio; pero para quienes siempre significaron la joya más preciosa, el más grande regalo que Dios les dio.

Nuestras hijas serán siempre nuestro mayor tesoro.

sábado, 31 de julio de 2010

La Vocación al Matrimonio

Así como todos sentimos en algún momento de nuestras vidas una especie de llamado interno, al que muchos le llaman “vocación” y que de alguna manera u otra nos lleva a nuestra realización personal, así también creemos que existe otra vocación muy importante y para la cual no se estudia; más bien, por lo general se desarrolla sin ningún tipo de orientación. Es aquella en la que vamos aprendiendo en la medida que caminamos, en base a nuestros errores y logros y al esfuerzo que cada uno ponga para salir adelante; ésta, es la “vocación al matrimonio”.
Si tratáramos de definir qué es el matrimonio diríamos que es la unión de dos seres, hombre y mujer, que se hacen uno solo, una unidad, unión que se consolida a través del vínculo del amor; el matrimonio es la unión de dos personas en una sola vida. Creemos pues que el matrimonio es una vocación a la que no todos estamos llamados, aunque resulte quizá un poco difícil de comprender. Esto significa que no todos finalmente tendremos esa disposición y ello no significa que sea algo malo o que no sea lo correcto. Así como no todos estamos llamados a ser médicos, ingenieros o a tener cualquier otra profesión (las llamadas vocaciones profesionales), de la misma forma no todos tenemos que llegar al matrimonio.

Así como para optar por una determinada profesión se requiere tener ciertas cualidades o características personales, de la misma forma, para optar por el matrimonio se requiere una gran capacidad de entrega, de desprendimiento y renuncia, de olvidarse de uno mismo para velar por la felicidad del otro, exige además una fidelidad inviolable.

El matrimonio es exclusivo entre hombre y mujer en el que nos unimos a la otra persona para toda la vida; a diferencia de la vocación profesional en donde si no me gusta puedo cambiar de idea y estudiar otra profesión o lo contrario tener dos profesiones diferentes.

Conocemos y tenemos amigos que han optado por la soltería de manera permanente. A esta opción voluntaria de no casarse o de tomar la decisión de no tener una pareja sexual se le denomina “celibato”, término que ha sido asociado erróneamente a algunas religiones.

Creemos que para tomar una decisión tan importante como la del matrimonio debemos evaluar la posibilidad de que no estemos preparados aún para dar ese paso tan importante en nuestras vidas, o que simplemente no estemos hechos para la vida matrimonial, lo que seguramente nos evitará problemas mayores más adelante.

martes, 20 de julio de 2010

El coraje de decir... "Ya no te quiero"

Sentados en casa en la mesa del comedor observamos a nuestra hija y vemos su desilusión y tristeza frente a una realidad que alguna vez creyó se llamaba amor. Es difícil asumir y superar una ruptura, pues cuando se ama de verdad siempre queda la esperanza de un posible reencuentro o reconciliación; pero también pensamos y creemos que si la otra persona amó de la misma forma no olvidará tan fácilmente lo que alguna vez hubo entre los dos.

En la etapa del enamoramiento es duro descubrir que el amor se terminó y lo dificil que es tener que decir “ya no te quiero”, que muchas veces evitamos para no quedar como los malos o los insensibles, por lo que se opta por las soluciones facilistas, que mas bien terminan siendo actitudes poco honestas al callarlo; en lugar de ello se recurre a frases como “démonos un tiempo” o “necesito un tiempo y un espacio para pensar” o un “te quiero, pero ahora estoy confundido(a)” y finalmente “cuando todo pase volveré contigo”. Estas son solo excusas o una forma de disfrazar tras estas palabras el “ya no te quiero”. Hemos visto como muchas personas prefieren esperar que el otro(a) se canse o se aburra y dé ese primer paso que no son capaces de dar; se trata de evitar ser el “malo(a) de la película”. Y esto se complica más aún cuando hay otra persona en el medio y con la que se lleva una relación paralela, quien finalmente se convierte en cómplice o en una víctima más.

Tener el coraje y la valentía de decir “ya no te quiero” en el momento preciso, es honrar lo que en su momento fue una relación de amor y respeto. Aquí no hay malos ni buenos, solo hay dos personas que una vez se amaron y que por diferentes circunstancias, ya sea uno de ellos o los dos, se dieron cuenta que la relación no daba para más y para no lastimar ni engañar al otro(a) terminan por decirse el nada esperado “ya no te quiero”. La verdad a veces puede resultar ser muy dolorosa; pero nunca es tanto como el engaño y la mentira.

lunes, 19 de julio de 2010

Una bella historia de Amor

[Cuckie:] Hace un tiempo atrás por cosas del trabajo tuve la oportunidad de conocer a una pareja de esposos ya maduros, bordeaban los 70 años de edad; me llamó la atención la forma como se trataban y de mirarse, parecían un par de adolescentes enamorados, me hacían recordar a mis padres. No pude resistirme y les pregunté cuántos años de casados tenían y ese fue el principio de una linda historia de amor que ellos tuvieron a bien contármela, la que .ahora queremos compartir con ustedes.

Juan y Rosa, les llamaremos así, se conocieron en su niñez. Juan se enamoró de ella desde que la vio por primera vez, el tenía 12 años y ella 8. El siempre la acompañaba al colegio y la cuidaba desde lejos y cuando Rosa cumplió 15 años lo eligió como su compañero de baile; y fue en esa ocasión que Juan se animó y le declaró su amor y para su sorpresa ella le dio el sí de inmediato. Fueron 2 años plenos de felicidad, eran el uno para el otro; Rosa estaba segura que él era su complemento y para Juan ella era su razón de vivir.

De un momento a otro al padre de Rosa le ofrecen trabajo fuera del Perú y tiene que marchar con toda la familia, éste fue un golpe terrible para los dos, vino la separación y las promesas de escribirse a diario y llamarse por teléfono; pero la distancia y los problemas propios de la vida los fue separando hasta que perdieron el contacto. Pasaron los años y Juan se casó y formó una familia, pero en el fondo de su corazón mantenía el recuerdo de Rosa, su amor de la niñez. Esto no impidió que fuera feliz al lado de los suyos; desgraciadamente una dolorosa enfermedad se llevó a su esposa. Fueron años de soledad, aunque la compañía de sus hijos, todos varones ellos, y de sus nietos, hicieron más llevadera su vida. Rosa por su lado volvió al país, trato de saber algo de Juan pero ya no estaban los amigos en común y no supo de él; conoció a otro hombre del que se enamoró y se casó, tuvieron 3 hijas y formó un lindo hogar.

Un día, más por presión de sus hijos, Juan asistió a una reunión de amigos y para su sorpresa se reencontró con Rosa; habían pasado casi 40 años desde la última vez que se vieron; ambos creyeron que no se reconocerían, por ello ninguno se atrevió a dar el primer paso, hasta que un amigo en común los “presentó”. No dejaron de charlar toda la noche, hubo muchas preguntas y dudas, casi todas se respondieron. Ambos se sintieron exactamente igual como cuando eran jóvenes y todos los sentimientos que estaban guardados y dormidos volvieron a renacer. Se contaron que estaban casados, Juan no le había mencionado que era viudo, ni Rosa que años atrás su esposo había fallecido en un accidente automovilístico. Vino la despedida y Juan se animó a darle su tarjeta ofreciéndole sus servicios profesionales, Rosa se lo agradeció y le comentó que le hubiera servido de mucho cuando tuvo que hacer los trámites de defunción de su esposo. A Juan se le iluminaron los ojos y el corazón le dio un salto, el amor de su vida estaba sola; pero cómo decirle que él también estaba solo, así que atinó a decirle que esperaba que un día pudieran juntar sus soledades e ir a tomar un café; Rosa le respondió que se sentiría encantada de poder conocer a su esposa, oportunidad que él aprovechó para decirle que también era viudo. Ella no lo podía creer y su emoción fue muy grande, pero no se atrevió a darle su número de teléfono.

Pasaron muchos días antes de que Rosa se animara a llamar a Juan y una tarde acordaron encontrarse para tomar un café; ese fue el reinicio de una relación que había quedado trunca en el tiempo. Compartieron sus historias, sus alegrías y tristezas, pero sobretodo recordaban los momentos que pasaron juntos en su juventud; y nuevamente se volvieron a enamorar como la primera vez; retomaron su historia de amor como dos chiquillos: Paseos tomados de la mano, besos robados, caricias y gestos de ternura, ella su princesa y él su amorcito. Rosa no quería que sus hijas lo supieran y salía de casa con la excusa de ir de compras o a cenar con sus amigas; por otro lado Juan si había contado a sus hijos sobre su reencuentro con el amor de su juventud, recibió el apoyo de todos ellos.

Poco tiempo después Juan le pidió a Rosa que se casara con él, lo hizo tal como lo había imaginado de joven: Cena con velas en un lugar pequeño pero muy lindo, muchas flores, música y un anillo. Todo era como un sueño, un sueño que había quedado guardado en la memoria de cada uno de ellos. Cuando Rosa les contó a sus hijas desaprobaron su decisión argumentando lo pronto que había olvidado a su esposo, que ya era muy mayor para esas cosas, que era el tiempo de ser abuela y que ya había pasado su momento para el amor. Por supuesto que Juan no podía aceptar que nuevamente la vida se encargara de separarlos. Siguieron viéndose discretamente hasta que los hijos de Juan decidieron hablar con las hijas de Rosa. No fue fácil; pero ellos estaban decididos a que su padre y Rosa fueran felices. Felizmente tuvieron éxito y a partir de ese momento todo fue como un cuento de hadas, todos los hijos fueron los que organizaron la petición de mano, las invitaciones, la iglesia, las despedidas de solteros, la boda. Rosa por supuesto que se casó de blanco y a partir de ese día fueron inseparables dedicándose todo el tiempo el uno para el otro.

[Cuckie:] Recuerdo el tono de voz con el que se hablaban, la ternura de Juan al tomar la cara de Rosa entre sus manos y llamarla su princesa, porque decía que las reinas eran viejas y ella no lo era; Rosa se derretía ante sus muestras de amor. El me dijo: “no será mucho el tiempo que estemos juntos pero de lo que estamos seguros es que no desperdiciaremos ni un solo segundo”.

Sobre esta historia de amor nos quedamos con dos cosas importantes: Que el amor trasciende el tiempo y el espacio y que nunca se es demasiado joven ni demasiado viejo para amar.

jueves, 8 de julio de 2010

La Convivencia fuera del Matrimonio

El matrimonio es una alianza entre un hombre y una mujer que deciden unirse por amor para toda la vida; pero hoy en día la convivencia fuera de éste se ha convertido en una de las opciones más fáciles para los jóvenes enamorados.

Con los amigos de nuestras hijas algunas veces hemos tocado este tema y siempre tienen argumentos con los que defienden esta posición como la mejor alternativa hoy en día. Uno de los argumentos más utilizados es: “Debemos convivir para conocernos mejor”, nos preguntamos, ¿hay un tiempo definido que nos permita decir que ya nos conocemos? ¿Llegamos a conocer por completo a la otra persona? Nosotros creemos que no, que el ser humano es un misterio que se va descubriendo día a día, y que seguramente nos irá sorprendiendo. Ese ingrediente es básico en el matrimonio, el ir descubriendo a la persona que amamos, a la que decidimos amar, con sus defectos y también con sus virtudes.

Otro de los argumentos utilizados es: “Para qué firmar papeles, para qué hacer juramentos si con nuestro amor basta” o “mejor probamos por un tiempo para saber si somos compatibles, si nos llevamos bien continuaremos juntos y si las cosas no funcionan, en el mejor de los casos nos diremos un adiós y un gracias por el tiempo compartido”. Pero si hay mucho amor entre ellos, entonces ¿por que el temor de firmar un compromiso o hacer un juramento ante Dios? Probar y probar como si fuéramos cosas desechables o como quien compra un artefacto o prenda de vestir, si no nos gusta, no funciona o consideramos que está “fallado” lo cambiamos y a seguir buscando, probando e intentando, sin asumir ningún tipo de compromiso.

Y esa es la palabra clave: COMPROMISO, más allá de decir que las firmas o juramentos no son importantes, lo que se quiere evitar son los compromisos y como consecuencia las responsabilidades. Anteriormente ya habíamos comentado que el matrimonio es una aventura, seguramente con sus riesgos, en donde nadie puede saber qué pasará mañana, pero sí podemos hacer cosas en el presente que construyan un buen futuro.

Otros optan por la convivencia por el gasto que implica un matrimonio; al respecto creemos que una iglesia, invitaciones, vestido, recuerdos, la fiesta y todo lo que está de moda, son solo el adorno, lo opcional; pero lo esencial es lo que se celebra que es el amor. No negamos que todos llevamos dentro la ilusión de una boda ideal, de ensueño; pero insistimos que es lo accesorio.

El matrimonio es más que firmas y un si dicho superficialmente frente al altar; es asumir con amor maduro nuestro compromiso con la persona a la que queremos unirnos para siempre, es entregarnos por entero y sin condiciones, es luchar por lo que se ama sin la salida facilista de que “si no funciona lo dejamos, total no hay nada que nos ate, simplemente un adiós y todo se acaba”.

No pretendemos afirmar que el matrimonio es sinónimo de éxito o seguridad, es quizá el mayor reto que podamos tener en nuestras vidas; pero depende de nuestra decisión y la madurez con que lo enfrentemos. Pero también queremos decirles que no todos estamos llamados al matrimonio; pero sobre esto hablaremos en un próximo post.

miércoles, 30 de junio de 2010

Yo te Amo... Yo te Respeto

Nosotros creemos que amor y respeto siempre deben ir de la mano.

Cuando caminamos por la calle nos gusta observar a la gente que pasa por nuestro lado, especialmente a los jóvenes enamorados, y se muestran así porque casi siempre se les ve tomados de la mano. En muchas ocasiones no nos es difícil evitar escuchar lo que conversan, de por sí ellos no tienen cuidado de mantener sus conversaciones de manera discreta, a veces pareciera que desean que todos se enteren de lo que dicen. Pero lo que más nos llama la atención es el lenguaje grosero que algunos de ellos utilizan, lo curioso es que lo hablan con una naturalidad que no deja de sorprendernos. Cuando rememoramos nuestra época de juventud recordamos que era casi vergonzoso que un muchacho por ejemplo dijera una grosería delante de una chica, era caer en el ridículo más grande, era otra época definitivamente. Algunos dirán seguramente que vivimos otros tiempos, estamos de acuerdo, pero consideramos que el respeto de antes debe ser el mismo respeto de ahora.

¿Y a qué va todo esto? Pues creemos que el respeto entre dos personas que se aman hace más saludable ese amor. La experiencia nos dice, y es porque hemos sido testigos de muchos casos, que cuando en una pareja empieza a faltar el respeto, primero se comienza con el lenguaje grosero y luego muy fácilmente de las palabras se pasan a los hechos, al maltrato físico, a la violencia y cuanto más se avanza se pueden llegar a cosas mayores. Es sorprendente ver por ejemplo que en Lima, donde vivimos, cada año que pasa se incrementa el porcentaje de violencia matrimonial y actualmente los crímenes cometidos en contra de uno de los esposos son casi noticia de todos los días.

Muchas veces hemos visto en parejas de novios, en donde por parte de alguno de ellos había maltrato verbal y físico, que el tiempo nos ha dado la razón, pues dentro del matrimonio esta situación lejos de desaparecer se ha acrecentado con consecuencias irreparables, que por lo general terminan en terribles separaciones y divorcios. Alguna vez una novia nos decía de su pareja que la maltrataba, que estaba segura que con el matrimonio iba a cambiar, es más, alguna otra pensaba que teniendo un hijo su pareja empezaría a ser diferente. Grave error.

Nosotros siempre hemos recomendado a las parejas que mantienen una relación de maltratos, sean novios o esposos, que traten de ponerse en manos de profesionales que los puedan ayudar (psicólogos, consejeros matrimoniales, etc), ellos serán los indicados para aconsejarles, sugerir algún tratamiento o terapia, en fin, algo que los pueda ayudar a superar el problema o a reconocer que no son el uno para el otro o que no están preparados para afrontar la responsabilidad o el compromiso de un matrimonio.

Dejarse maltratar es también un grave problema, el permitirlo es una invitación a que ello vaya a mayores, callarlo no resuelve nada, muy por el contrario, nos exponemos a que las cosas se salgan fuera de control y no haya marcha atrás. Nadie merece ser maltratado ni lastimado, ante todo debe prevalecer el amor y el respeto por la persona humana que en este caso es nuestra pareja.

domingo, 20 de junio de 2010

Superando nuestras Diferencias

Cuando decidimos casarnos y lo comentamos con nuestros amigos, muchos de ellos nos preguntaron si lo habíamos pensado bien y si estábamos seguros de lo que hacíamos. Al preguntarles el porqué de tanto cuestionamiento, nos dijeron que era por que nos veían como el agua y el aceite, totalmente diferentes y como consecuencia, incompatibles.

En parte tenían razón en cuanto a que éramos diferentes; uno era muy callado y el otro más conversador, uno con gusto por el baile y el otro no tanto, amiguero uno y el otro no; en fin pocas coincidencias, pero mucho amor de por medio.

Pero a veces pareciera ser que el amor no alcanza para superar estas diferencias, en cambio nosotros creemos que si bien es cierto que las coincidencias nos unen, las diferencias nos retan. Y nosotros hicimos de nuestras diferencias un reto; es verdad que en algunos casos no nos ha sido muy fácil afrontarlas y superarlas, pero también hemos tenido grandes triunfos que nos han hecho olvidar nuestras derrotas.

[Cuckie:] Elard es bastante callado y yo muy parlanchina y esta diferencia a veces se me hacía terriblemente dura de sobrellevar, y más notoria cuando estábamos en una reunión de amigos y el no hablaba casi nada, en esos momento yo me sentía en la obligación de hablar por los dos y llenar los “supuestos vacíos” que se generaban durante la charla. Luego decidí tomarlo como un reto, busqué un momento de calidez entre los dos y abordé el tema con él y le dije como me sentía frente a ello. Por mi parte, decidí motivarlo en las reuniones empezando por hacerle preguntas abiertas, que no se limitaran a un si o un no como respuesta; también me di cuenta que no tenía por qué sentirme responsable y menos incómoda por lo mucho o poco que él pudiese hablar en una reunión. De igual forma cuando nos encontrábamos los dos solos no esperaba que él iniciara la conversación, sino era yo la que la comenzaba tocando un tema que a él le interesara y luego poco a poco iba abordando otros. Esto me resultó tan bueno que hasta ahora lo practico.

[Elard:] Siempre me gustó ser una persona muy organizada, trataba de tener todo en forma ordenada y en su lugar, en cambio para Cuckie no tenía mucha importancia si las cosas estaban en un sitio o en otro, lo importante era saber dónde encontrarlas cuando se necesitaban. Ese aparente desorden me causaba muchas incomodidades cuando al intentar ubicar algo en el lugar donde lo había dejado no lo encontraba porque Cuckie lo había puesto en otro sitio. Al abordar este tema Cuckie reconoció que muchas veces esto también le había traído complicaciones cuando necesitábamos algo, a veces no recordaba donde lo había puesto o guardado costándole mucho trabajo encontrarlo. Por mi parte reconocí también que por momentos yo era muy vehemente y tenía un sentido exagerado del orden; esto nos permitió tomar la decisión de ser menos exigente con el orden y Cuckie ser más organizada.

Con todos esto no pretendemos decir que para ser felices tenemos que ser iguales, lo importante es que frente a las diferencias debemos buscar el diálogo y encontrar un punto en común; tampoco es pretender que el otro sea o actúe como nosotros queremos, sino que por decisión personal, aquella “decisión de amar” de la que tanto mencionamos, cambiemos nuestras actitudes en beneficio del fortalecimiento de nuestra relación.

domingo, 13 de junio de 2010

La casa del Lago

Hace algunos días vimos una película que nos gusta mucho, se llama “The lake house” o en español “La casa del lago”, con Keanu Reeves y Sandra Bullock. Ya eran varias las veces que la habíamos visto y no pudimos resistir la tentación de una nueva repetición. Pese a que el argumento parece un poco complicado, en donde ambos protagonistas se comunican a través de mensajes dejados en un buzón viviendo cada uno tiempos diferentes (dos años de diferencia); la película que es un drama romántico y que está acompañada de una buena musicalización, siempre creó en nosotros un ambiente de romanticismo.

Quizá para muchos, sobre todo los varones, ésta como otras películas de corte romántico resulten muy cursis, pero al margen de cualquier argumento, simple o complicado, lo que consiguen es crear ese ambiente para que una pareja pueda disfrutar de un momento solo para ellos, donde se dejen de lado las cosas del trabajo, de casa, los problemas, las preocupaciones, etc. como ocurre con nosotros. Todo motivo es bueno para crear un momento de romance: mirar una película juntos, escuchar música, una cena especial, salir a caminar; momentos tan necesarios para que una relación siga fortaleciéndose. No siempre lo que hacemos de hecho nos ha tenido que gustar a ambos, muchas veces hemos visto una película que no ha sido del gusto de alguno de los dos, pero lo importante es el hecho de compartir esos momentos que nos unan y que nos permitan pasarla juntos. Al amor hay que alimentarlo; de lo contrario, como una flor, empieza a marchitarse poco a poco.

[Elard:] Hoy por ejemplo, Cuckie me pidió escuchar una canción que le gusta, “Kiss me” de Sixpence Non The Richer y mientras ella la cantaba me pidió que la bailáramos. Yo no soy de bailar, no me gusta mucho, pero a ella sí, y de la forma como me lo pidió, no pude negarme; y si bien es cierto fueron un par de minutos, realmente valió la pena, fue un momento para los dos.

Nosotros disfrutamos de todos esos detalles que nos ayudan a unirnos más, y por eso los compartimos con ustedes; no son solo teorías extraídas de un libro, son experiencias y situaciones que a nosotros nos funcionan y creemos que también pueden ayudarlos en su relación.

sábado, 12 de junio de 2010

El final de una Ilusión

En la etapa del enamoramiento es común descubrir luego de un tiempo que la otra persona no está “tan enamorado(a)” de uno aunque nosotros si lo estamos; es el momento de dar por finalizada la relación aunque en algunos casos resulte doloroso. Muchas veces uno de ellos comete el error de decidir amar por los dos o piensa que con el tiempo el otro va a cambiar; y es que el amor que sentimos por el otro es tan grande que creemos alcanza para los dos. Pero para una relación de pareja se necesitan dos y que esos dos se amen; quizá pueden tener diferentes “formas” de amar, con más o menos detalles, más o menos efusivos, más o menos expresivos; pero decididos a amarse con todo y en todo. Cuando no hay esa “decisión de amar” es difícil que una relación funcione.

También puede suceder que todo aquello que se creía sólido se derrumba y se termina, no siendo capaces de aceptarlo o de decírselo a la otra persona; es allí que uno decide vivir una mentira, aferrándose a lo que no existe, pese a esa vocecita en nuestro interior que nos repite una y otra vez que la relación no da para más; pero se niegan a aceptarlo. Hemos visto también que uno de los dos deseando terminar la relación no lo hace para evitar ser “el(la) malo(a) de la película” por lo que se empieza a argumentar con un “démonos un tiempo, un espacio” o “te quiero pero necesito pensar”, por que no tienen el coraje de ser honestos; esperando que el otro se aburra o se canse y sea este quien termine la relación. Otras veces puede ocurrir que uno de los dos se aprovecha del amor incondicional del otro al punto de manipularlo o utilizarlo para su propio beneficio (económico, social, etc).

Cuando nos enamoramos muchos creemos que el o ella “es el amor de mi vida” y nos ilusionamos y pensamos que lo alcanzamos todo; pero desafortunadamente no siempre es así y nos cuesta aceptarlo y sentimos que el mundo se nos derrumba, que no hay futuro o que no hay una luz al final del túnel. Sabemos que a nadie le gusta sufrir, pero es mejor terminar una relación ahora y no cuando de por medio hay un matrimonio, hijos, una familia. Para bien o para mal la vida continúa, no se detiene y en esos casos hay que darse el tiempo para entristecerse, para llorar un poco; y luego seguir caminando hasta que finalmente llegue a nuestras vidas el(la) compañero(a) que tanto esperábamos.

Queremos aclarar que es importante tener en cuenta todo esto en esta etapa del enamoramiento; para que el siguiente paso que es el matrimonio, sea dado con la seguridad y convicción de que la decisión tan importante que están tomando sea la correcta y sean capaces de amarse para siempre; aún cuando en estos tiempos de modernismo muchos opten por la convivencia; pero este es un tema que nos gustaría tocar más adelante en otro post.

jueves, 10 de junio de 2010

Cuando comienza el Amor

Una de nuestras intenciones a través de este blog es poder compartir también nuestras ideas y experiencia con los jóvenes que comienzan a sentir el bichito del amor, cuando encuentran a la persona que les gusta y de la que empiezan a enamorarse. Y es que es maravilloso cuando nos encontramos frente a esa persona, aquella a la que estábamos esperando, nuestro príncipe azul o nuestra princesa, aquella que ya existía en nuestros pensamientos y que empieza a ser una realidad; nos referimos a esa etapa tan especial en nuestras vidas que seguramente siempre recordaremos. Nuestras hijas están pasando por esos momentos, por lo que de una manera u otra nos sentimos involucrados y por ello queremos hacer algunas reflexiones.

En el caso de nuestras hijas, tratamos de acompañarlas en sus procesos. Nos alegramos cuando ellas se sienten alegres y nos preocupamos cuando ellas están tristes o con algún problema, siempre estamos pendientes y dispuestos a aconsejarlas; pero también somos concientes que nadie puede vivir las experiencias por otros y que cada quien tiene y debe tener su propio proceso de aprendizaje; porque finalmente eso es la vida, una escuela donde cada quién deberá vivir sus propias experiencias y aprender de ellas.

Creemos que cuando nos enamoramos, lo hacemos porque esa persona reúne todas aquellas características que nosotros habíamos imaginado o soñado y por lo tanto llena todas nuestras expectativas físicas, morales, sentimentales; es la ilusión lo que nos motiva, pero recordemos que ésta es efímera, pasajera; lo que finalmente perdura es el amor. Luego con el paso del tiempo y conforme nos vayamos conociendo mejor, iremos descubriendo quien es esa persona, sus defectos y virtudes, y a medida que eso ocurre iremos confirmando si realmente es la correcta para unir su vida a la nuestra, que nos complementamos totalmente, que somos capaces de dar nuestro “amor” en una entrega total, y si la otra persona también está dispuesta a amarnos sin medida.